Cómo los humanos perdieron las espinas del pene

Un nuevo estudio sugiere que la pérdida de un pedazo de ADN durante la evolución humana hizo que el pene del hombre no esté cubierto de espinas y además la falta de otra región propició que tuviéramos un cerebro más grande.

La mayoría de los primates machos tienen el pene cubierto de espinas de queratina, similares a las uñas, para desechar el esperma de otros competidores e irritar a la hembra para propiciar la ovulación, si bien la mujer tiene un ciclo propio para esto, independiente de la intervención del hombre, científicos de las universidades de Standford y Pensilvania hicieron una investigación de las bases genéticas y evolutivas de esta característica pérdida en los humanos pero presente en chimpancés, nuestro pariente más cercano.

Gill Bejerano y David Kingsley partieron de la hipótesis de que en lugar de que el ADN humano tenga ventajas sobre el del chimpancé, “en algún momento de la evolución perdimos algunas cadenas de información genética, por lo que compararon ambas cadenas para detectar las zonas que sí tenían los chimpancés pero nosotros no”.

Los investigadores del departamento de Biología del Desarrollo de Standford identificaron 583 secciones de código perdido. Después eligieron las regiones eliminadas de ADN relacionadas con hormonas masculinas y otras con el desarrollo del cerebro.

Después introdujeron estas regiones de código dentro de ratones para saber cómo se expresaban pintando con azul los lugares en el que actuaban sobre el cuerpo de los roedores.

Así descubrieron que la primera parte de ADN generó espinas en los penes de los embriones de ratones y la otra expandió su cerebro.

“Aquí hay una tendencia para pensar que una pérdida genética es una pérdida de cosas. A veces menos es más en términos de evolución, la eliminación de un pedazo de ADN y ver qué ocurre con ello implica una nueva forma de experimentar”, dijo el científico genómica Maynard Olson de la Universidad de Whashington a la revista científica Science.

Con la identificación de más de 500 regiones eliminadas en el ADN, Bejerano y Kingsley esperan encontrar nuevas expresiones que expliquen cómo evolucionamos.

“Este estudio conjunta genética y evolución de una gran manera; es un placer ver campos converger. La historia de la evolución se explica mejor si los juntas”, dijo Bejerano a Science.

Los resultados de la investigación se publicaron en la revista científica Nature.

Articulo tomado de :El Universal